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El 17 de septiembre de 1868en atención a los grandes beneficios que han redundado en los pueblos donde se ha establecido la devoción a la Stma. Virgen María invocada bajo el título de la Saleta”, el obispo de Zamora, Don Bernardo Conde y Corral, aprobaba las bases y, por tanto, erigía canónicamente la Asociación de fieles de Nuestra Señora de la Saleta con sede canónica en la antigua iglesia de la Purísima Concepción. Asimismo, el decreto del prelado nombraba director de dicha Asociación a D. Juan Pujadas, canónigo doctoral de la S.I. Catedral y vicedirector al beneficiado de la misma, D. Leandro Caño.

La primitiva Cofradía –nacida en el contexto de un movimiento renovador de la devoción mariana en Zamora- vivió años de esplendor desde su inmediata aprobación hasta principios del siglo XX, si atendemos a lo recogido en sus libros de actas y cuentas, conservados en el Archivo Histórico Diocesano.  La Asociación se dedicaba esencialmente a la oración comunitaria, celebrando solemnemente el Novenario a la Virgen de la Saleta durante el mes de septiembre, pero también individual, pues los cofrades se comprometían en sus estatutos a realizar determinadas oraciones y a visitar a su imagen titular con cierta periodicidad. Igualmente, la Cofradía otorgaba especial importancia al culto sacramental, probablemente por compartir sede canónica con la Asociación del Culto Continuo al Santísimo Sacramento.

Uno de los valores fundamentales de la primitiva Cofradía era su preocupación por los cofrades: estaban organizados en pequeños grupos, denominados coros, y éstos a su vez tenían un encargado (“cabeza”). De esta manera los administradores conseguían promover la participación en el seno de la organización y conocer de primera mano las preocupaciones de sus miembros.

En 2018 se cumplen 150 años de la llegada de la advocación de la Virgen de la Saleta a la Diócesis de Zamora.